Caminar solo. A veces necesito materializar esa "soledad acompañada" que siento, estando "físicamente sólo". La soledad "física" no corroe, al contrario. Andar por el campo, por caminos donde no pase mucha gente, (¡difíciles de encontrar ahora...!). Encontrarme con algún conejo que cruza asustado o escuchar el "morse" de las tórtolas: raya, raya, punto. Es un silencio un tanto asilvestrado pero libre de ese lenguaje insultante, provocador que vemos en los noticieros y que luego reproducimos nosotros en familia, con los conocidos, (casi no tengo lo que considero amigos ya...), cada vez que hablamos de política, porque, todo ya es política...
La naturaleza, ajena a este ambiente enrarecido, continua perseverantemente sus ciclos y los frutales empiezan a florecer. ¿Hay algo más prometedor que un frutal en flor? Y sigo preguntando ¿ hay algo más maravilloso que este proceso? Cada vez que me encuentro frente a un almendro no puedo evitar pararme pasmado ante la delicadeza de sus flores y sus hojas incipientes. Creo que el hecho de estar solo me hace disfrutar más del espectáculo. Me cuesta encontrar a alguien con quien compartir no ya el espectáculo, que es público, si no la emoción que me genera. Entonces, mejor solo, pienso.
La tarde de febrero va terminando. La luz del sol poniente se abre paso entre dos nubes, como un último esfuerzo de éste para mejorar más aún a la flor más alta de un almendro, que queda iluminada en solitario.
Vuelta casa.
En la flor del almendro
el último sol.
Al mirar a poniente, aún me da tiempo a ver, entre las nubes del horizonte, ese sol rojizo que ha generado un haiku. La estela de un reactor me llama la atención. Antes se veían muchas. Con la pandemia son un espectáculo muy raro. Para que algo se convierta en espectáculo, parece ser que tiene que ser raro... No es precisamente agua de rosas de lo que están hechas, pero dibujan unas líneas más o menos anchas, más o menos difusas que parecen fijas, pero que, como todo, se van transformando y perdiendo su identidad. Me producen nostalgia, nostalgia de tantas cosas...
Tarde de invierno.
La estela de un avión
que se deshace...
Apresuro el paso antes de que oscurezca del todo, con las pilas algo más cargadas y agradecido por estos espectáculos gratuitos































