Hace un mes que empezó la Navidad. Una Navidad diferente a todas las otras anteriores debido a la a la pandemia. Semanas antes las ciudades españolas habían inaugurado pomposamente sus tradicionales iluminaciones que tienen como fin movilizar al ciudadano a que acuda al "centro". ¡"Había que salvar la Navidad"! nos repetían insistentemente los políticos. Los sectores del comercio y hostelería, (los demás no cuentan), habían sufrido mucho duranta el confinamiento y la segunda ola que vino con el relajo motivado por la campaña "¡"Hay que salvar el verano"! y había que procurar que se recuperasen, dentro de lo posible... El gobierno, para dominar la segunda ola, había establecido un estado de emergencia, laxo, cediendo a las autonomías competencias para tomar las medidas restrictivas que considerasen adecuadas. Pero la Navidad, jugaba en contra de la razón. ¿Cómo impedir que las familias se reunieran después de los meses separados? Cómo los ciudadanos, en masa no iban a participar de la gran fiesta del consumo y la diversión? Las autoridades que decretarán límites a este despropósito serían castigadas por sus ciudadanos y por la oposición. Y así se hicieron así mismos, "trampas al solitario". Se hablaba de un número máximo de personas reunidas, se discutía hasta la saciedad que era un "allegado" y si podía o no participar en las reuniones familiares. El toque de queda debía ser un poco más tarde... En fin, eso tan español, del que "parezca que". Se hablaba de una tercera ola posible, de nuevas mutaciones más peligrosas... Pero había nacido dios y había que celebrarlo comiendo, comprando y juntándonos , que ya después veríamos...
Y después de esos días de cava, turrones, luces y grandes almacenes llegó la tercera ola. Se han disparado los contagiados, crecen los fallecidos y los ingresados en UCI, los hospitales se colapsan y ya hay muchos donde se suspende toda cirugía que no sea de urgencia... En fin lo previsto.
Es el resultado de poner al frente de la toma de decisiones a ineptos (eso sí elegidos democráticamente), cuyo único afán es que no baje su cotización electoral y procurar fastidiar y desmarcarse de cualquier medida efectiva que suponga llevar la contraria a la ciudadanía. Es el resultado de una sociedad consentida que sólo quiere ver lo que le satisface y no quiere asumir que estamos en una situación tremendamente crítica. Que no esta dispuesta a renunciar de forma voluntaria y temporal al modo de vida que llevaba antes de la pandemia. Es verdad que una gran parte procura ser responsable y evitar contactos innecesarios pero un amplia minoría "pasa" olímpicamente de las medidas o intenta aprovecharse de la inevitables lagunas de la normativa ( redactada por ineptos que quieren nadar y guardar la ropa).
Unos partidos enfrentados hasta lo absurdo. Una oposición, que a falta de ETA, ha encontrado un buen punto de apoyo para sacar al actual gobierno del poder y no le importa boicotear cualquier política conjunta que haga más efectivo el control de la pandemia, unas comunidades autónomas que no se coordinan en establecer medidas eficaces para no molestar a sus deudos y cuando toman las medidas, las toman mal y tarde. Un gobierno central que se mantiene impertérrito, preocupado por otros temas electorales que no quiere gastarse tomando medidas que sean efectivas pero impopulares.
Un tema de seguridad nacional como éste tenía que haber provocado una actitud de unidad regional y política porque el problema no es político. Las medidas tendrían que ser tomadas , no cuando la tercera ola arrasa, sino antes, cuando es controlable. Claro que "antes" con unas estadísticas más bajas de contagiados no hubieran sido populares. En fin...
Lo triste, es que ni se ha salvado la economía ni se han salvado vidas y cuanto más tardemos más grande va a ser el colapso.
No se pierdan el siguiente capitulo : SALVAR LA TEMPORADA TURÍSTICA






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