Deben ser cosas de viejo el fijarme en estas nimiedades. por la calle camino de la oficina o vuelta a casa voy buscando hojas secas, en diferente estado de decrepitud, (¡anda que no hay!) y les hago fotos con el teléfono para luego, en casa poderla pintar.
La acuarela ha sido para mí uno de los efectos secundarios, (positivos), de la pandemia. Durante el confinamiento empecé a recuperar los pinceles y pinturas y pase muy buenos ratos intentando aprender la técnica, que para mí tiene un cierto carácter terapéutico al obligarme a estar concentrado en el aqui y ahora. La acuarela precisa de una buena observación del modelo y una planificación en su realización. Los errores se corrigen más difícilmente que con otras técnicas y mejor intentar hacer las cosas bien a la primera.
El tiempo va adquiriendo un valor cada vez mayor conforme pasan los años y el cuidado de la mente es crucial. Evitar rumiar los pensamientos, los problemas que no están en mi mano, admirar la belleza de la ¿imperfección? de lo fugaz hacen su buena labor a nivel mental. Estamos en otoño, no sólo de este año, también de esta vida y hay que disfrutarlo. Tempus fugit
Una gota de rocío sobre una brizna de hierba
esperando el primer rayo de sol.
¡Qué breve es su vida!
Viento de otoño: ¡No soples demasiado fuerte sobre la llanura!
Dogen









































